El "Quijote" de Matías Quetglas

Quetglas, Matías

El "Quijote" de Matías Quetglas

28 de Junio  - 
30 de Julio

  • S/T
    mixta sobre papel | 11,5 x 17 cm.
  • La carreta de la muerte
    mixta sobre cartón | 48 x 68 cm.
  • S/T
    mixta sobre papel | 10 x 18 cm.
  • S/T
    mixta sobre papel | 11,5 x 17,5 cm.
  • S/T
    mixta sobre papel | 17,5 x 11 cm.
  • S/T
    mixta sobre papel | 18 x 11,5 cm.
  • La Aventura de Los Molinos
    mixta sobre cartón | 47,5 x 34,5 cm.
  • Las tres aldeanas
    mixta sobre cartón | 45,5 x 32,5 cm.
  • Matías Quetglas en su estudio
  • S/T
    mixta sobre papel | 17 x 11,5 cm.
  • En la Cueva de Montesinos
    mixta sobre cartón | 45,5 x 33 cm.
  • Las Bodas de Camacho
    mixta sobre cartón | 45,5 x 65 cm.
  • Sancho manteado
    mixta sobre cartón | 45,5 x 33 cm.
  • Don Quijote llevado a la Jaula
    mixta sobre cartón | 45,5 x 33 cm.
  • Sancho come y Don Quijote quiere morir
    mixta sobre cartón | 45,5 x 33 cm.
  • Don Quijote y el Vizcaíno
    mixta sobre cartón | 24,5 x 24,5 cm.
  • S/T
    mixta sobre papel | 11,5 x 17,5 cm.

Quetglas, Matías

El "Quijote" de Matías Quetglas

La exposición

IDEAS E IMÁGENES DEL “QUIJOTE”

Admiradores, aficionados y coleccionistas tienen ahora la oportunidad de disfrutar los originales de las serigrafías de Matías Quetlas que en 1605, en el cuarto centenario de la Primera parte del Ingenioso hidalgo, Franco Maria Ricci reunió en una elegante carpeta rotulada Ideas e imágenes del “Quijote”, como el modesto ensayo mío que le servía de delantal. La calidad de las estampas era la máxima posible, pero claro está que ninguna técnica permite apreciar los matices más finos de trazado, color y textura que se distinguen en las figuraciones reproducidas, con el sabio empleo del lápiz, la acuarela o el pastel.

Al acometer su quijotesca aventura Quetlas no podía sino ser consciente de que la obra maestra de Cervantes está viva (vivísima) en dos terrenos que no llegan a superponerse: como libro y como mito, en la literalidad de sus páginas y en las resonancias -verdaderas o falsas- que tiene en la cultura y hasta en la lengua cotidiana. En los últimos siglos nadie debe de haberse puesto al Quijote con inocencia adánica, sin mediaciones ni pautas: sin saber, en suma, que va a leer «el Quijote». Un clásico es precisamente eso: un libro que está en el texto y más allá del texto, en el horizonte de una civilización; que conserva durante siglos una sólida aunque cambiante presencia pública, y que por ello mismo se conoce en una medida nada baladí sin necesidad de haberlo leído y no se lee sin interpretaciones previas. El pintor, así, tenía que moverse entre dos planos -el libro y el mito- y conjugarlos con su propia visión.

A pocas semanas o meses de la aparición de la obra, don Quijote y Sancho se habían vuelto tan vívidos y tan proverbiales en la imaginación de todos, que bastaba que Fulano o Mengano apuntara un par de posibles coincidencias externas con el caballero o el escudero para que al instante se viera equiparado a los personajes de Cervantes. La secuela mayor de tal fenómeno se halla sin duda en la Segunda parte (1615), porque uno de sus rasgos más singulares y atractivos consiste en que muchos de sus personajes han leído la Primera, de modo que conocen a don Quijote y a Sancho, saben cómo tratarlos y les preparan bromas y situaciones en consecuencia.

Las primeras representaciones quijotescas fueron durante un siglo largo las mascaradas, pantomimas y cuadros vivos que encarnaban y sacaban a la calle a don Quijote y los suyos, “y hacían perecer de risa a la gente, y en particular a los que habían leído el libro” (cito la relación de unas fiestas de 1610). Pronto hubieron de venir las plasmaciones decorativas, en versión noble o plebeya (de la pintura a la loza, digamos), y las estampas grabadas que vendían los libreros y cumplían la misma función de humilde ornamento que hoy corresponde a los posters y a las láminas de calendario. En el capítulo LXXI de la Segunda parte, dice Sancho: “Yo apostaré que antes de mucho tiempo no ha de haber bodegón, venta ni mesón o tienda de barbero donde no ande pintada la historia de nuestras hazañas”. No era una profecía, sino la generalización de una realidad. Sólo en tercer lugar, en los últimos decenios del Seiscientos, llegaron (desde los Países Bajos) las ediciones ilustradas, que en el siglo siguiente culminaron en los cuatro tomos del suntuoso Quijote publicado en Londres en 1738, con el mecenazgo de Lord John Barón de Carteret, y en los otros tantos, no menos espléndidos, que Ibarra imprimió en 1780 bajo la dirección de la Real Academia Española.

En esos talleres fue modelándose día tras día la imagen de don Quijote que, gústenos o no, se mantiene viva. Del fingido manuscrito de Cide Hamete Benengeli cuenta Cervantes que venía ya adornado con miniaturas en que Sancho Panza se mostraba con “la barriga grande, el talle corto y las zancas largas”. Pero hoy nos es imposible imaginar a un Sancho que no sea gordinflón y chaparro. Para ilustrar o, si se quiere, para recrear el Quijote, Matías Quetglas no podía, pues, entablar simplemente un diálogo entre el texto original y su propia percepción de la obra, sino que también tenía que echar cuentas con el perfil de los personajes que el espectador lleva inevitablemente en la retina, con esa fisonomía acuñada de tiempo atrás que los hace identificables en el acto por todos los públicos.

Quetglas ha enfrentado esa cuestión previa con cabal lucidez. Nadie le habría reprochado que se hubiera dejado guiar meramente por la intuición, por las representaciones más divulgadas o, sobre todo, por el azar de sus encuentros con el Quijote (pues ¿quién que le sea fiel podrá olvidar el ejemplar en que lo leyó por primera vez o el que le vuelve a las manos con más frecuencia?). De todo ello tiene que haber no poco en sus serigrafías. Pero nuestro artista, en todo caso, no ha vacilado en documentarse, en estudiar y en aceptar las sugerencias de la tradición iconográfica.

No es ésta la ocasión de rastrear en detalle los elementos que Quetglas ha espigado a lo largo de esa senda. Una sola muestra será suficiente. El episodio de la Cueva de Montesinos (II, xxii-xxiii) es especialmente recordado por las “admirables cosas” que el don Quijote afirma haber visto en sus profundidades: el palacio de cristal, Durandarte yacente, el cortejo de Belerma... Pero la más antigua edición ilustrada (Dordrecht, 1657) se fijó en un momento menos aparatoso, cuando el caballero “poniendo mano a la espada comenzó a derribar y a cortar de aquellas malezas que a la boca de la cueva estaban, por cuyo ruido y estruendo salieron por ella una infinidad de grandísimos cuervos y grajos, tan espesos y con tanta priesa, que dieron con don Quijote en el suelo”.

El acierto con que compuso la escena el grabador de Dordrecht la convirtió en un modelo o una referencia para muchas ediciones posteriores, comenzando por la primera en castellano con ilustración completa (Bruselas, 1662) y siguiendo por la madrileña de 1674, hasta el magnífico Quijote de la Real Academia Española (1780) o las inmortales planchas de Gustavo Doré (1863). Tampoco es de aquí detenerse en la filiación y el análisis de las distintas versiones. Si entre los varios posibles he aducido precisamente ese único ejemplo, es por la transparencia con que, sin necesidad de glosa, deja claro que el pintor menorquín no plantea su trabajo como un desnudo cuerpo a cuerpo con el libro, sino a sabiendas de que también debe medirse con una multiforme tradición plástica; a sabiendas de que no sería de recibo dar una pura visión personal, antes bien el desafío consiste en situarlo en coordenadas que puedan compartir el autor, el texto, los lectores y el artista.

En la culminación de uno de los capítulos más memorables de la novela, con el monumental zafarrancho de la venta (I, xvi), acota el autor: “Y así como suele decirse «el gato al rato, el rato a la cuerda, la cuerda al palo», daba el arriero a Sancho, Sancho a la moza, la moza a él, el ventero a la moza, y todos menudeaban con tanta priesa, que no se daban punto de reposo”. Es uno de los lances en que más sabiamente se aprecia la maestría cervantina para manejar un gran número de personajes con una divertidísima animación guiñolesca. Quetglas tiende asimismo a buscar la viñeta coral o, como sea, repleta de seres y cosas que abarrotan el espacio; pero más bien los capta –diría yo, aprovechando con otro sentido la frase hecha de Cervantes- en un “punto de reposo”.

En el Quijote de Quetglas, en efecto, los héroes se nos aparecen en un instante de inmovilidad que los revalida como inmortales. La rotundidad de las formas, la reciedumbre de las figuras, la escrupulosa definición de gestos y actitudes, los transportan a un Olimpo, más allá del tiempo, donde conviven con las criaturas de Homero, Dante y Shakespeare. Ese “punto de reposo” no supone inercia, sino tensión: es un dinamismo en suspenso, potencia más que acto, el punto de un inextinguible clasicismo.

Si no me engaño, Quetglas no hace suya ni la interpretación en exceso ‘trágica’ de los románticos, ni la simplificación ‘cómica’ de muchos contemporáneos de Cervantes. Su don Quijote, siempre con dignidad y un atisbo de melancolía, no se desmesura hacia ningún extremo. No faltan, ciertamente, esbozos de sonrisa, pinceladas de humor (más notorio cuando el paisaje, el ocre rojizo de la Mancha, deja de apoderarse de las figuras y cada una de ellas emana color propio), y hay incluso una adecuada percepción de los ingredientes de farsa y mascarada que tantos ecos tuvieron en los siglos XVII y XVIII. Pero el tono predominante es de serenidad, una serenidad que no temo adjetivar de mediterránea, menos al arrimo de la geografía o la biografía del pintor que de los versos de Rubén Darío:

Aquí, junto al mar latino,

digo la verdad.

Siento en miel, aceite y vino

yo mi antigüedad.

Una serenidad, sí, que es la verdad del arte clásico, la verdad de Cervantes en el Quijote.

Francisco Rico

Biografía

Nace en Ciutadella (menorca) en 1946
Ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en 1966.

EXPOSICIONES INDIVIDUALES
(Las exposiciones que no consignan pais, están realizadas en España)
1965 Casino de Ciutadella, Menorca.
1969 Galería Castilla, Valladolid.
1970 Galería Skira, Madrid.
1974 Galería Renou et Poyet, París (Francia)
1977 Galería Juana Mordó, Madrid.
Galería Christel, Estocolmo (Suecia)
Galería Bengh Malmgram, Goteborg.
1978 Galería Benedet, Oviedo.
1979 Galería Mun, Bilbao.
Sala Pelaires, Palma de Mallorca.
1980 Galeria Etienne de Caussans, París (Francia)
Galería Editon + A, Munich (Alemania)
Galería Retxa, Menorca.
1983 Galería Juana Mordó, Madrid
Galería Estampa, Madrid.
Galería Maese Nicolás, León.
1984 Art Cologne, Colonia (Alemania)
1985 Galería Fermín Echauri, Pamplona.
1986 Església del Roser, Ciudatella de Menorca
Palau Sollerich, Palma de Mallorca
1987 ARCO 87, Galería Trentadue, Madrid
Museo de Bellas Artes, Asturias
Fundación Colegio del Rey. Capilla del Oidor, Alcalá de Henares.
Museo de Bellas Artes, Oviedo
Fundación Lorenzana, Madrid
1988 Galería Trentadue, Milán (Italia)
1989 Galería Estampa, Madrid
1990 Caja San Fernando, Sevilla
1991 Galería Estampa, Madrid.
Sala Pelaires, Palma de Mallorca.
Galería Trama, Barcelona.
1992 ARCO ´92. Galería Tórculo, Madrid.
Saga ´92, Grand Palais de Paris. Galería Tórculo, Madrid.
Galería Durero, Gijón.
Galería Retxa, Ciutadella, Menorca.
1993 Galería Appiani Arte Trentadue, Milán.
1994 Il Gabbiano, Roma.
Galería Trama, Barcelona.
1995 Caja de Ahorros Sa Nostra. Itinerante en 1995-96 por las Illes Balears
1996 Esculturas. Museo Tifológico de la ONCE, Madrid.
Galería Juan Gris, Madrid.
1997 Galería Trama, Barcelona.
1998 Palacio de la Madraza, Granada.
Sala Pelaires, Palma de Mallorca.
Galería Nolde, Navacerrada, Madrid.
Galería Juan Manuel Lumbreras, Bilbao.
1999 Casa del Cordón, Caja de Burgos, Burgos.
Galería Echauri, Pamplona.
2000 Galería Juan Gris, Madrid
2001 Teatre Principal, Maó, Menorca.
Galería Retxa, Ciutadella, Menorca.
2002 Don Quijote ilustrado, Academia de España en Roma.
Sala Pelaires, Palma de Mallorca.
2003 Galería Trama, Barcelona.
Erizo de mar, Galería Nolde, Navacerrada, Madrid.
2004 Galería Juan Gris, Madrid.
2005 Galería Pedro Torres, Logroño.
El Quijote de Matías Quetglas, Fundación Colegio del rey,
Casa de la Entrevista, Alcalá de Henares, Madrid.
2005-2006 “La plenitud”, retrospectiva itinerante por Baleares.

EXPOSICIONES COLECTIVAS
1971 Eros y el Arte Actual en España. Galería Vandrés, Madrid
1972 La paloma . Galería Vandrés, Madrid. Bienal de París.
1974 I Salon International dArt Contemporaine. París.
Drawings by Ten Contamporary Spanish Artists. Galería Marlborough, Nueva York.
Bienal de Menton.
El Realismo Hoy. Galeria Val/30, Valencia.
Alternativas del Realismo. ARS74. Museum Atheneum. Helsinki.
Jóvenes Realistas. Galería Sarrió, Barcelona.
1975 Alrededor de la Realidad. Galería Barbié, Barcelona.
Art6 75, Galería Juana Mordó, Basilea.
Homenaje a Eugenio DOrs. Galería Biosca, Madrid.
1976 Trait pour Trait. Galería Jean Briance, París.
Arte Fiera76, Galería Juana Mordó, Colonia.
Art7 76. Galería Juana Mordó, Basilea.
Cross-Section of Young Spanish Painting. Galería Hasting
Spanish Institute, Nueva York.
Realismo Español Contemporáneo. Exposición Itinerante por diversas capitales españolas.
1977 Antonio López y el Realismo Español. Galería Cambio. Madrid.
Modern Art of Spain. Galería Staempfli, Nueva York.
1978 Galería Rayuela. Madrid
Panorama 78. Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid.
Moder Art of Spain. Niabaran Cultural Center, Teheran.
1979 Realismos Español78. Galeria Nabega dArve, Ginebra.
I Trienal de dibujantes jóvenes. Kunsthalle, Nuremberg.
Centro Cultural de la Mujer. Carabanchel, Madrid.
Interiores. Galería Estampa, Madrid.
El Grabado. Caja de Ahorros de Valladolid.
1980 Galería Italia, Alicante.
Galería Bética, Madrid.
El Intimismo en la Pintura Española. Casa de Benálcazar, Quito.
FIAC80, Galería Juana Mordó, París.
1981 El Dibuix. Sala Pellaires, Palma de Mallorca.
Mostra dArt Contemporani a les Balears. Itinerante por las Baleares y Cataluña.
Realistas españoles. Universidad Complutense, Madrid.
Premio Cáceres de pintura 1981. Excma. Diputación Provincial, Cáceres.
I pittori spagnoli della realtá. Galería Montebello, Milán.
1982 ARCO82 Leandro Navarro, Madrid.
ARCO82, Presentación del libro Doble Filo, Galería Estampa, Madrid.
Contraparada 3, Murcia.
Pintura realista de hoy. Foro Cívico Cultural, Pozuelo. Madrid.
4 Pintors de Ciutadella. Sala Pelaires, Palma de Mallorca.
Libros de artistas, Biblioteca y Museos, Madrid.
El color de la poesía. Antonio Machado, Madrid.
Exposición gráfica, Universidad de Verano, Santander.
1983 Preliminar. Exposición Itinerante.
ARCO83, Leandro Navarro, Madrid.
4 Visions Realistes. Galería Retxa, Menorca.
1984 La mujer en el Museo de Arte Contemporáneo. Madrid.
Figuración y Realidad. Sala Pelaires, Palma de Mallorca.
Resurección de la Naturaleza Muerta. Galería Heller, Madrid.
1985 Artistas en Madrid. Museo Español de Arte Contemporáneo. Madrid.
Centro Cultural Conde Duque, Madrid.
Juana Mordó por el Arte. Círculo de Bellas Artes, Madrid.
Figuras y Figuraciones. Galería Juan Gris, Madrid.
IV Biennale der Europäischen Grafike, Baden-Baden.
Peintres aux Fourneaux. Galería Claude Bernard, París.
1986 Voces Interiores. Santillana del Mar, Santander.
Voces Interiores. Centro Cultural de la Villa, Madrid.
1988 Existencias-Realismo Español. Caja San Fernando, Sevilla
1991 Realismos: Arte Contemporáneo Español.Niohonbashi Takashimaya,
Tokio; Nanba Takashimaya, Osaka; Shijo Takashimaya, Kioto; Takashimaya,Yokohama.
El Paisaje en España. Ayuntamiento de Augsburgo.
Ayuntamiento de Norderstedt. Hamburgo. Consulado General de Berlín,Bremen, Düsseldorf, Frankfort, Hannover, Munran, Sttutgart.
1992 Tierra de Nadie. Madrid Capital Europea de la Cultura 1992, Centro Cultural de la Villa, Madrid.
Realidad o Ficción. Galería Ansorena. Madrid.
Tierra de Nadie. Casa del Cordón, Burgos.
Tierra de Nadie. Sala Amarica, Vitoria.
1993 Tierra de Nadie. Museo de Bellas Artes. Bilbao.
Tierra de Nadie. Diputación de Cádiz. Cádiz.

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